31.10.14 0 comentarios

Pesadilla antes del plumaje


Las plumas parecían ser una característica diagnóstica de las aves pero hoy en día se sabe que evolucionaron en formas mucho más basales de dinosaurios. Y por lo que sabemos de las aves, las plumas tendrían dos funciones principales, el aislamiento térmico y las plumas planares y penáceas utilizadas en el vuelo.

En un estudio reciente de Koschowitz y colaboradores, revisan el estado de conocimiento actual de la posible función de las plumas así como su evolución a lo largo de la filogenia de los dinosaurios y las perspectivas de trabajo futuras en este campo.

En otros estudios publicados este mismo año, multiples hallazgos indican que las plumas penáceas no tuvieron una función relacionada con el vuelo, si no posiblemente relativa al “display”.

También se han encontrado protoplumas en dinosaurios basales inclusive fuera del nodo de los saurisquios, lo que lleva a plantear la ventaja de adquirir plumas penáceas sobre las protoplumas que hoy en día sabemos que se extenderían a numerosos dinosaurios.

Estas primeras protoplumas pudieran haber permitido un mejor aislamiento térmico del cuerpo del animal. Se ha comprobado que los dinosaurios más basales, ornitisquios y saurisquios más primitivos, tenían un ratio bajo de volumen corporal/superficie corporal.

Pero este tipo de tegumento tiene una serie de costes, uno metabólico y otro en ausencia de diversidad cromática. El requisito metabólico hoy sabemos que estaría “cubierto”, ya que incluso los dinosaurios más basales contaban con tasas metabólicas aceleradas. Pero en cambio, la función de “display” estaría limitada, ya que este tipo de tejido no cuenta con un rango cromático muy amplio como sería en caso de plumas filamentosas.

Aparición de distintas características comentadas en el artículo. Tetracomancia en los diápsidos. Protoplumas en dinosaurios basales. Plumas filamentosas y estructuración de la señal cromática entre los terópodos basales. Plumas planares en Maniraptora, que posteriormente estarían relacionadas con el desarrollo del vuelo.


Si se tiene en cuenta que la tetracromancia, o la visión diferenciada de color muy superior a la experimentada por humanos y otros mamíferos, es una condición primitiva en muchos grupos de diápsidos. La inferencia filogenética permite reconocer esta visión en los dinosaurios, muy similar a la visión que cuentan las aves. Por lo que el desarrollo de plumas penáceas habría estado favorecido por una mejora en la capacidad de “display”. Puesto que este tipo de plumas tienen una iridiscencia y saturación de colores mayor que las protoplumas y los dinosaurios cuentan una visión tetracromática. Algo parecido ocurre con las plumas planares respecto las penáceas.

Imagen que refleja la variabilidad morfológica de melanosomas a lo largo de la filogenia de Diápsida y mamíferos. Perteneciente a otro estudio más publicado este mismo año (Li et al., 2014).


Esto llevaría a la adquisición, por vía de selección sexual, de plumas planares, que luego sería una exaptación para la capacidad de vuelo. Los autores indican, al final de la reseña, la necesidad de abordar el estudio de la visión de los dinosaurios y algunas de las características cromáticas de este tipo de tegumentos.

Parece que el un "hermoso display" provocó la curiosidad de más de un dinosaurio. ¿Acabarían volando también para tratar de suplantar a Santa Claus como nuestro amigo Skellington? No lo creemos, pero aquí tienen un artículo y una película de Tim Burton con la que Godzillin se despide otro Halloween más.



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30.10.14 0 comentarios

Danger: Stegosaurus infected


Ante tanto movimiento zombie de los últimos tiempos, uno se imagina que toda infección acaba con diluir el cerebro de todos ser vivo. Esta reflexión tan escasa, podría estar presente en dos Stegosaurus al hojear el informe y ver “infección no traumática” tal y como han sido diagnosticados recientemente en un artículo publicado en la revista científica Lethaia. Sin embargo el diagnóstico es algo más suave: osteomielitis. Y aunque no debieron estar muy bien (pues la cosa estaría muy malita), no arrastrarían sus enormes cuerpos en busca de masas cerebrales y viscerales de cualquier otro «lagarto terrible». Eso sí dolor y alguna cojera temporal si presentarían...

...y aunque no se puede asegurar, al menos de la etiqueta Danger: Stegosaurus infected, se librarían.

El resumen del trabajo es el siguiente:
Palaeopathologies are relatively common in the fossil record; however, bone histological analyses of these are rare as they are more commonly discovered and described using radiological scans. Here, we describe the bone microstructure of infectious abscesses (osteomyelitis) in the long bones of two Stegosaurus individuals from the Como Bluff area of the Late Jurassic Morrison Formation. Multiple lytic, geographical lesions filled with reactive lamellar bone occur in a femur of a juvenile specimen. A single lesion was found in an adult tibia. This lesion is characterized by the presence of spiculated periosteal reactive growth perpendicular to the bone surface and the formation of new trabeculae within the lesion.

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Más información:
  • Referencia: Ragna Redelstorff, Shoji Hayashi, Bruce M. Rothschild & Anusuya Chinsamy (2014): Non-traumatic bone infection in stegosaurs from Como Bluff, Wyoming. Lethaia. DOI: 10.1111/let.12086.
  • Imagen tomada de aquí.
29.10.14 0 comentarios

El hiperdesarrollado cráneo de Mapusaurus


La heterocronía, o lo que es lo mismo, los cambios evolutivos que implican una variación temporal de la tasa de cambio que se produce en un carácter de un organismo respecto a su antecesor, es uno de los procesos más importantes que se producen a lo largo de la evolución. Para realizar un estudio sobre el papel que toma la heterocronía en la historia evolutiva de un grupo es necesario estudiar los cambios morfológicos y proporcionales que tienen lugar durante la ontogenia de un organismo y compararlo con los caracteres que presentan las especies más basales o derivadas dentro de su linaje.  

Mapusaurus roseae, descrito por Coria y Currie en 2006, es un carcharodontosáurido derivado (Carcharodontosaurinae) del Cretácico Superior de Argentina,  representado por numerosos restos óseos procedentes de, al menos, siete individuos de distinto tamaño. Los cambios morfológicos observados en distintos elementos craneales dentro de estos individuos son producidos por variaciones ontogenéticas que podrían tener implicaciones evolutivas dentro del linaje de los carcharodontosáuridos.

Según los autores de este estudio, las sinapomorfías del cráneo asociadas a los carcharontosaurinos, como la presencia de una exclusiva abertura en la fosa antorbital (la ventana promaxilar), la pronunciada lámina palatina, la extrema ornamentación en la superficie de los huesos faciales, especialmente el maxilar y dentario, y la marcada cresta lateral en el dentario; se observan en los especímenes adultos mientras que los juveniles asociados a Mapusaurus carecen de estas características. En general, los cambios ontogenéticos observados siguen una tendencia a la reducción de la neumaticidad y el incremento de la ornamentación.

En comparación con otros taxones dentro del grupo, los juveniles de Mapusaurus presentarían características que son observables en los adultos de carcharodontosáuridos más basales, como Acrocanthosaurus, y otros allosauroideos, como Neovenator y Allosaurus.

Estos cambios ontogenéticos dentro de Mapusaurus estarían, por tanto, relacionados con procesos heterocrónicos, concretamente peramórficos (es decir, que características de los adultos de los ancestros son observados en los juveniles de los descendientes), ya que los juveniles de este taxón presentarían caracteres propios de los taxones adultos más basales del grupo. Es por ello, que los autores confirman que los cambios peramórficos han tenido un papel fundamental en la evolución del linaje de los allosauroideos.

Esta peramorfosis sería consistente con el gran tamaño observado en los taxones más derivados del grupo. En otros clados, donde también se produce gigantismo, se ve la relación que existe entre este y el predominio de los cambios peramórficos sobre los pedomórficos, como es el caso de los tyrannosauroideos y los diplodocinos.

En conclusión, diversos caracteres morfológicos en el cráneo de los taxones dentro del clado Allosauroidea  estarían originados a partir de procesos morfológicos, siguiendo una tendencia general evolutiva a cráneos con reducción de la neumaticidad craneofacial y el incremento de la ornamentación en la superficie de los huesos.

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28.10.14 0 comentarios

¡Aerodactylus, te elijo a ti!

Los paleofrikis estamos de enhorabuena: resulta que hace unos días salió publicado un nuevo género que se une a la larga lista ya comentada en episodios anteriores de taxones descritos por paleontólogos que hacen referencia al imaginario de ficción. Se trata de Aerodactylus, un pterosaurio cuyo nombre rinde homenaje a uno de los Pokémon originales y que, vaya por dónde, presentaba rasgos de pterosaurio.

Izquierda (a): Espécimen de Aerodactylus scolopaciceps BSP-1937-I18 (escala = 20 mm). Derecha (b): Imagen de Aerodactyl, el “Pokémon fósil” (sic) al que debe el nombre el nuevo género de pterosaurio.

El nuevo género Aerodactylus no responde al hallazgo de un nuevo espécimen de pterosaurio, sino a la revisión tanto del holotipo de Pterodactylus scolopaciceps como del resto de material referido a esta especie. Quien no esté familiarizado con los pterosaurios de las calizas de Solnhofen (localizadas en el suroeste de Alemania y con una edad aproximada de 150 millones de años) básicamente decir que presentan una sustancial problemática taxonómica debido a que la mayoría de especies están representadas por individuos juveniles. En consecuencia, las muestras pueden aparecer muy similares ya que las características juveniles desvirtúan diferencias taxonómicas que se extreman según alcancen la forma adulta. Así pues, en la revisión de P. scolopacipeps (Vidovic y Martill, 2014) se dilucidan un conjunto de caracteres (la mayoría craneales) únicos para esta especie que no sólo la validan, sino que permiten erigir el nuevo género Aerodactylus, distinto de Pterodactylus y más cercano –en términos cladísticos– a otros géneros de pterosaurios como Gladocephaloideus o Aurorazhdarcho.

Comparativa del cráneo de Aerodactylus con cráneos de diferentes especies de Pterodactylus (adaptado de Vidovic y Martill, 2014).

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27.10.14 0 comentarios

Ilústranos... Ely Kish

El pasado 12 de octubre fallecía en el Centro de Salud Elisabeth Bruyère (en Ottawa) Eleanor Kish, a los 90 años de edad. Por ello, como homenaje a esta artista, el "Ilústranos..." de este mes se lo dedicamos a ella. Va por ti, Ely. 


El 17 de marzo de 1924 nacía en Newark, New Jersey, Eleanor Kiss, hija de Teresa Bittman y de Eugene Kiss (actor, pintor y decorador). Haciendo demostración de sus capacidades artísticas desde joven, Eleanor estudió en la Escuela Vocacional de arte productivo del Condado de Essex, y en el Instituto de Bellas Artes de California. Pasó 15 años viajando por Estados Unidos y México, aprendiendo, aceptando diferentes trabajos relacionados con la pintura y la construcción y pintando paisajes y retratos. Empezó a usar el nombre de Ely en vez de Eleanor, pensando que le daría menos dificultades en su trabajo en un mundo dominado por hombres, y en los 50 se mudó a Canadá y se nacionalizó ciudadana canadiense. En 1973 cambió su apellido Kiss por Kish.


Fue durante los años 70 y 80 fue cuando Ely Kish empezó a hacerse un nombre propio con sus trabajos en el mundo del paleoarte. Todo empezó en 1977, cuando el doctor Dale Russell, de la Universidad de Carolina del Norte (e impulsor del "dinosauroide"), le encargó ilustrar el libro "A Vanished World". Kish pudo dejar el trabajo que desempeñaba en ese momento, y como ella mismo afirmó, se sentía encantada de poder dedicarse por completo a la pintura como forma de ganarse la vida. A partir de ese momento, empezó a ser reconocida como una de las mejores profesionales en el mundo de la paleoilustración, y empezó a acumular trabajos y colaboraciones con instituciones, museos y científicos (incluyendo más trabajos con el doctor Russell).


Adía de hoy, muchas de las pinturas de Kish han quedado obsoletas y, de hecho, sus trabajos son un claro ejemplo de las reconstrucciones extremadamente delgadas de dinosaurios. En muchas de sus pinturas, la masa muscular y grasa son bastante reducidas, dando la sensación de que la piel del dinosaurio se pega directamente sobre los huesos; esto se nota especialmente en sus reconstrucciones de terópodos y de ornitópodos (algunos de ellos son casi irreconocibles). Sin embargo, el trabajo de investigación que llevaba a cabo Kish era impresionante: consultaba a científicos y leía artículos relacionados, construía pequeños modelos del esqueleto sobre los que insertaba los músculos del animal, y luego los utilizaba como referencia para sus bocetos, óleos y murales. Además, su técnica era impecable, y los paisajes en los que coloca a los distintos organismos son fascinantes y realistas.


Ely Kish tuvo una importante carrera como ilustradora (de paleoarte pero también naturaleza y otras temáticas variadas). A lo largo de su vida, hizo numerosas ilustraciones para revistas, libros, publicaciones y diferentes museos. Buscando un poquito por internet podréis ver muchas de sus obras, y tampoco escasea la información sobre su vida; si queréis saber un poco más della, lo tenéis todo a golpe de ratón. Por nuestra parte, este ha sido el pequeño homenaje de El Cuaderno de Godzillin a esta gran artista. Descansa en paz, Ely.


24.10.14 0 comentarios

Royo y Gómez y los estegosáuridos morellanos en las XXX Jornadas de la SEP


Qué mejor sitio para conocer más sobre los primeros pasos de la dinosauriología española que en las Jornadas de la Sociedad Española de Paleontología. Allí se ha defendido el trabajo “José Royo y Gómez y los supuestos estegosáuridos del Cretácico Inferior de Morella”, que podemos simplificar como:

El paleontólogo castellonense José Royo y Gómez fue uno de los pioneros en el estudio de los dinosaurios del registro español. Aunque identificó material de dinosaurios proveniente de varias localidades, sus hallazgos más relevantes fueron los efectuados en dos regiones de la Comunidad Valenciana: Benagéber (Valencia), en niveles cercanos al tránsito entre el Jurásico Superior y el Cretácico Inferior de la Formación Villar del Arzobispo, y Morella (Castellón), en la Formación Arcillas de Morella, actualmente datada como Barremiense. Es en esta última localidad donde Royo y Gómez reconoció la mayor diversidad. De hecho, en su último listado faunístico, concluyó que la fauna representada en Morella estaba integrada por un saurópodo (que reconoció como Cetiosaurus sp. nov.), un ornitópodo (“de la talla de Iguanodon mantelli”), un terópodo (“de la talla de Megalosaurus bucklandi”) y “un estegosáurido de gran tamaño”.

La información sobre la fauna de reptiles del Cretácico Inferior de Morella se ha incrementado notablemente tanto durante la segunda mitad del siglo XX como en el siglo XXI. En este sentido, nuevo material de, entre otros, saurópodos, ornitópodos y terópodos ha sido hallado en la Formación Arcillas de Morella, permitiendo un mejor conocimiento sobre la mayoría de los grupos de dinosaurios preliminarmente analizados por José Royo y Gómez. Sin embargo, no existen nuevas evidencias que permitan apoyar la presencia de estegosáuridos.

Como se ha demostrado recientemente, un alto porcentaje del material de dinosaurios de Morella analizado por Royo y Gómez se preserva en la actualidad. Además, se conserva numerosa documentación fotográfica y manuscrita de este autor en el Archivo del Museo Nacional de Ciencias Naturales (AMNCN, Madrid). El análisis de esa información permite identificar algunos de los huesos de Morella atribuidos por Royo y Gómez a estegosáuridos. De esta manera, y teniendo en cuenta el conocimiento actual, la presencia de este grupo de reptiles en el Cretácico Inferior de Morella ha sido reevaluada en esta presentación.
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Tortugas terrestres pequeñas del Pleistoceno en las XXX Jornadas de la SEP


Y siguiendo con los testudínidos de relativo pequeño tamaño, nos topamos con otro trabajo defendido en las XXX Jornadas de Paleontología de la SEP: “Las tortugas del yacimiento del Pleistoceno inferior de Cueva Victoria (Murcia, España)”.

Cueva Victoria es un yacimiento cárstico situado en el Cerro de San Ginés de la Jara, al sur del Mar Menor (Cartagena, Murcia). El yacimiento fue descubierto por la acción minera a mediados del siglo XX. Después de unos trabajos de prospección iniciales, ha sido objeto de excavaciones sistemáticas desde 1984. Ha proporcionado una rica asociación de más de 80 especies de vertebrados fósiles, incluyendo restos de homínidos, que se han datado como del Pleistoceno inferior. La cueva funcionó como un cubil de hienas, que aportaron la mayor parte de los restos de macrovertebrados.

El material de tortugas hallado en Cueva Victoria consiste en elementos desarticulados, tanto del caparazón como del esqueleto apendicular. Los elementos identificados del caparazón corresponden a una treintena de piezas. Entre ellos se determinan placas del espaldar y del plastrón. El material apendicular está representado por un menor número de elementos. Éstos corresponden tanto a los miembros anteriores como posteriores.

La repetición de algunos elementos, así como su atribución a individuos de diferentes tallas, probablemente de diferentes estadios ontogenéticos, permite reconocer la presencia de varios individuos.

La disponibilidad de caracteres en los elementos de tortugas hasta ahora hallados en Cueva Victoria es compatible con la de un único taxón. Esta forma puede ser atribuida a un testudínido terrestre.

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23.10.14 0 comentarios

Tortugas terrestres pequeñas del Mioceno en las XXX Jornadas de la SEP


No todo es grande en el mundo de los testudínidos o tortugas terrestres. De hecho, las formas de relativo pequeño tamaño son muy comunes en el registro ibérico a partir del Mioceno. Y uno de los taxones mejor representados, aunque hasta ahora relativamente mal conocido, es Paleotestudo. La charla titulada “Nuevos datos sobre el registro del quelonio terrestre Paleotestudo en el Aragoniense (Mioceno medio) ibérico”, defendida en las XXX Jornadas de Paleontología de la Sociedad Española de Paleontología, mejora su conocimiento.

En la Península Ibérica se identifican numerosos yacimientos miocenos, en los que se reconocen asociaciones faunísticas en todas sus biozonas. Debido a la abundancia de restos de mamíferos, muchos trabajos han analizado su diversidad y distribución. El registro de quelonios es también muy abundante, pero generalmente mal conocido. Además de quelonios terrestres de gran talla, de más de un metro de longitud, allí es frecuente el hallazgo de restos de tortugas generalmente definidas como de talla normal, de no más de treinta centímetros. Hasta ahora la información sobre estas últimas formas era muy limitada. Un reciente estudio  ha establecido los primeros pasos para realizar estos análisis, aportando nuevos datos sobre la diversidad representada y planteando nuevos interrogantes.

El objetivo general que persigue este nuevo trabajo es analizar la diversidad y sistemática de los testudínidos terrestres de talla normal que integran el registro del Aragoniense ibérico, especialmente de aquellos presentes en los niveles previos al Aragoniense más superior, en los que no se conoce ningún taxón a nivel específico.

Aunque la información sobre la sistemática de los testudínidos de talla normal del Mioceno ibérico es muy limitada, esta falta de conocimiento es especialmente relevante en los niveles anteriores a las biozonas MN7/8, que son aquellos que coinciden con la distribución conocida del género Paleotestudo en otros países. Nuevos hallazgos han aportado algunos ejemplares que pueden ser relevantes para abordar este análisis. En este sentido, destacan caparazones prácticamente completos y articulados, procedentes de varias localidades de la Cuenca de Madrid. Su estudio, así como el de otros ejemplares ibéricos, teniendo en cuenta la variabilidad registrada tanto en yacimientos españoles donde el material de este grupo es relativamente abundante como, especialmente, en el registro francés, permiten aportar nuevos datos sobre la sistemática de estas formas.

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Tortugas terrestres semigigantes del Oligoceno en las XXX Jornadas de la SEP


Si en el post anterior hablábamos sobre un trabajo sobre testudínidos del Eoceno europeo defendidos en las XXX Jornadas de Paleontología de la Sociedad Española de Paleontología, aquí lo haremos sobre otra ponencia allí defendida, que versa sobre una forma del Oligoceno. Se trata de la especie francesa “Testudogigas. Esa ponencia fue titulada: “Reevaluando la sistemática y filogenia del testudínido del Oligoceno europeo “Testudogigas”.

Testudogigas es un quelonio terrestre de relativo gran tamaño, definido a partir de un caparazón bastante completo. Su atribución al género Testudo no puede ser sustentada. A pesar de que “Testudogigas fue definido en la primera mitad del siglo XIX, la información publicada sobre este taxón es muy escasa. De hecho, este taxón carecía hasta ahora tanto de diagnosis como de descripción detallada.

El holotipo y hasta ahora único espécimen conocido de “Testudogigas ha sido detalladamente analizado. Su sistemática y filogenia son analizadas, proponiéndose una diagnosis para este taxón. Este estudio aporta nuevos datos sobre la diversidad y evolución de los testudínidos europeos, un clado muy común en el registro del Neógeno pero no tanto del Paleógeno de este continente.

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22.10.14 0 comentarios

Tortugas terrestres sorianas en las XXX Jornadas de la SEP


Aunque varios grupos de tortugas han estado presentes en las ponencias defendidas en las XXX Jornadas de Paleontología de la Sociedad Española de Paleontología, son las tortugas terrestres del clado Testudinidae los auténticos protagonistas. Este grupo de tortugas, muy abundante y diverso en la actualidad, está presente en Europa desde el Eoceno. A continuación recogemos algunas ideas de las planteadas en la ponencia “Los testudínidos terrestres del Eoceno medio de Mazaterón (Soria): Implicaciones sistemáticas y paleobiogeográficas”

El registro fósil de Testudinidae terrestres en Europa es relativamente abundante desde el Mioceno. En el Paleógeno europeo se han citado varios miembros de este grupo de quelonios, generalmente mal caracterizados. Esta falta de conocimiento suele estar motivada por el escaso registro de los taxones del Eoceno y Oligoceno, muchos de ellos definidos a partir de un único ejemplar, consistente en el caparazón parcial o relativamente completo.

Varios testudínidos del Eoceno europeos fueron atribuidos a géneros definidos en otros continentes. Una las asignaciones problemáticas es la de los restos hallados en varias localidades europeas al género Hadrianus, un taxón definido en Norteamérica y cuya presencia en Europa ya había sido previamente puesta en duda. En el yacimiento español del Eoceno medio de Mazaterón (Soria, Cuenca de Almazán), se ha citado la presencia relativamente abundante de testudínidos de talla mediana. Estas tortugas se atribuyeron preliminarmente a una especie no definida de Hadrianus que difería de las ya conocidas en el registro europeo. Hasta el momento ninguno de los ejemplares había sido detalladamente descrito y analizado.

El estudio del abundante y bien preservado material de Mazaterón aporta datos sobre la variabilidad individual, ontogenética y sexual del taxón allí registrado. Debido al escaso registro, hasta ahora no se disponía de información sobre la variabilidad intraespecífica de ningún representante del Paleógeno europeo. El análisis del taxón de Mazaterón se integra en la revisión de otras formas del Paleógeno de este continente. De esta manera, dicho taxón se compara con varios taxones, hasta ahora mal definidos o que eran conocidos por escaso material, provenientes de varios países. El estudio del taxón de Mazaterón, unido al de otras formas de testudínidos del Paleógeno y Neógeno europeo, permite establecer nuevas hipótesis sobre sus relaciones de parentesco y sobre su paleobiogeografía. Esto implica la revisión de las hipótesis que proponían la existencia de géneros de testudínidos terrestres compartidos entre el registro del Paleógeno norteamericano y europeo.

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